Una democracia en evolución

El papel de las redes sociales en el proceso electoral del 2018


Escrito por: Msc. Rebeca Méndez

Politóloga


Costa Rica actualmente es un país de dos tonalidades: una es políticamente tradicional, conservadora y mayoritariamente católica (UCR, 2016), que aquí se les llamará como las y los tradicionalistas; la otra tonalidad es más liberal, más atrevida, con menos simpatía política y mayoritariamente laicos, en adelante las y los contemporáneos.

Esto se da principalmente por dos comportamientos cada vez más presentes en esta gran aldea global: primero, tenemos una juventud en crecimiento que suele ser mucho más protagonista, más apolítica, de mayor influencia, y al mismo tiempo una adultez en decrecimiento, que es de políticas tradicionales, pero igual de antagónica y organizada. En segundo lugar, se da la instauración de las redes sociales como un espacio de participación virtual, de información de fácil alcance y de generación de controversia, en donde la viralización de los mensajes tiene un efecto dominó entre las y los cibernautas.

Costa Rica no escapa de estos dos comportamientos que de cierta manera afectan su historia política, su sistema de partidos y el andamiaje ideológico, pero nunca su democracia, ya que esta última está más consolidada que nunca, debido a la multitud de espacios de participación con los que dispone, pero al mismo tiempo se trata de una democracia no partidaria ni política, sino de una democracia virtual permeada por las redes sociales, específicamente Facebook y Twitter. Así lo confirman una encuesta realizada por el Centro de Investigaciones y Estudios Políticos (CIEP), en donde se utilizó una escala de 1 a 5 para calificar a los medios que ofrecen más posibilidades de libertad de expresión, en este caso las redes sociales recibieron la más alta calificación con un 4,23. (UCR, 2017)

Por otro lado, en una reciente encuesta realizada por OPol Consultores, del 8 al 11 de febrero del 2017, se dio a conocer que de la totalidad de las y los encuestados, el 62% no encuentran ninguna afinidad con ningún partido político existente, (según la encuesta del CIEP, este valor tiende a ser más alto entre las personas con nivel universitario, donde asciende a un 82% y entre las personas jóvenes, entre 18 y 24, con un 83%), mientras que el 48% se encuentran distribuidos en distintas opciones de partidos, en donde los dos mayoritarios son el Partido Liberación Nacional (PLN) y el Partido Unidad Social Cristiana (PUSC), considerados como los partidos tradicionalistas (EL MUNDO.CR, 2017).

Por ende, ese 62% de indecisos, se trata en su mayoría, de un ciudadano joven, internauta, profesional e informado, que quiere ser representado en multitud de espacios, y considerado en igualdad de condiciones, y que al mismo tiempo alberga un gran descontento por la clase política, ya sea por la falta de representatividad sobre los ideales que ellos abogan, o por la falta de sustentabilidad en las proyecciones establecidas, y nunca cumplidas, por parte de dicha clase política.

Cabe aclarar, que existen ciudadanas ciudadanos que pueden ser catalogados dentro de las dos tonalidades debido a que comulgan con ideas de una y otra tonalidad, por ejemplo, se puede tratar de jóvenes cibernautas pero al mismo tiempo militantes de partidos políticos tradicionales, o puede tratarse de una persona adulta mayor, cibernauta, con grandes ideas liberales, y menos arraigo político, etc.

No obstante, desde mi experticia, habiendo laborado para la Administración Chinchilla Miranda y actualmente para la Administración Solís Rivera, debo reconocer que ambas administraciones han debido enfrentar el fenómeno de las redes sociales, que en su gran mayoría son dominadas por un gran sector contemporáneo, mucho más crítico, que interponen sus demandas con relativa facilidad mediante la conectividad directa que les permiten estas plataformas, de manera que esperan respuestas inmediatas a la solicitud planteada.

“no hay margen de maniobra,

la inmediatez se convierte en un

fin en sí mismo”

Más específicamente, en el pasado una administración tenía un margen de al menos 7 días para formular una respuesta debidamente sustentada y protegiendo los intereses del Gobierno, sin embargo, con la llegada de las redes sociales, y con la existencia de esta ciudadanía más protagonista, no hay margen de maniobra. La inmediatez se convierte en un fin en sí mismo, lo que obstaculiza el tiempo de coordinación entre las partes, y por ende,  afecta el proceso de toma de decisiones de los distintos gobernantes, lo que trae como consecuencia la falta de cumplimientos y el debilitamiento de su imagen política.

Siendo así, las redes sociales se han convertido en una democracia virtual evolucionada, donde la participación no tiene límite, ya que no dependen de la intermediación de un partido político, ni de una organización política debidamente establecida para manifestar sus ideales o demandas, o de un simple voto; lo que trae consigo además, la era de los opinólogos, que sin fundamento alguno, exponen la piel del gobernante, lo acribillan y por último es condenado por los medios de comunicación y la sociedad civil, debido al efecto de difusión masiva que ostentan las redes sociales.

“las y los internautas pueden

crear opiniones favorables e

inducir a otros grupos,

al mismo tiempo pueden

generar resistencia y antipatía”.

En resumen, así como la democracia ha evolucionado, así también deben aprender a evolucionar los partidos políticos, en esta difícil era de la información y el conocimiento, ya que si bien las y los internautas pueden crear opiniones favorables e inducir a otros grupos, al mismo tiempo pueden generar resistencia y antipatía. Al final de cuentas, las redes sociales, son consideradas un espacio altamente protagónico en la comunicación entre los candidatos y el público en general.

Cabe hacer mención de la campaña electoral del 2014, en donde el uso estratégico de las redes sociales por parte del candidato del PAC, Luis Guillermo Solís, fue el mejor aliado para resultar el vencedor de dicha contienda electoral, en donde logró captar el voto de un gran sector joven, caracterizados por ostentar cierto nivel universitario, sin afinidad política con ningún partido y por ser internautas activos de las redes sociales.

Por ende, para el proceso electoral del 2018, los partidos políticos deben saber captar el sector dominado por las redes sociales, que además suele ser volátil, por la falta de afinidad política, y atreverse a tratar, con mayor profundidad,  los temas que más debate producen en la actualidad, tales como:

  • Confesionalidad del Estado Costarricense.

  • Matrimonio entre personas del mismo sexo.

  • Aborto en casos de violencia sexual.

  • Marihuana con fines recreativos.

  • Fertilización invitro.

Deben desarrollar, buena parte de su estrategia de campaña, desde las y los internautas y para las y los internautas, con el fin de darse a conocer ante esta clase de ciudadanos, los cuales siempre están deseosos de información y de ideas claras y concisas, por lo que los nuevos candidatos deberán estar dispuestos a escuchar, analizar y responder interrogantes de manera inmediata. Siendo así, no será viable establecer campañas fantasiosas basadas en promesas irreales, ya que la veracidad de la información está a un solo click, en donde la “mentira” no será más su verdadero aliado.  

Desde mi parecer, las redes sociales se convertirán, durante el proceso electoral del 2018, en un espacio de debate y en un medio eficaz para medir el grado de aceptación de los candidatos presidenciales por parte de los ciudadanos internautas, mediante la realización de sondeos, el crecimiento en el número de seguidores, los retweet, o mensajes compartidos.  Generando beneficios directos, tanto a las y los candidatos como a las y los electores, ya que se trata de una campaña electoral de menor costo económico, con mayor interactividad y de mayor alcance de la información.

Actualmente, la contienda electoral del 2018, ya dio inició con la participación activa de los precandidatos mayoritarios del Partido Liberación Nacional, quienes tienen muy claro el mensaje de los posibles beneficios adquiridos mediante la utilización de las redes sociales, por ello, es fácilmente palpable percibir, por parte de ambos candidatos, el establecimiento de una plataforma mediática en las redes sociales,  lo que les ha permitido hasta este momento, un número importante de simpatizantes como de críticos internautas.

No obstante, así como se producen falsas o verdaderas acusaciones por medio de las redes sociales, también estas se convierten en un espacio idóneo de defensa para poder dar a conocer sus intereses particulares y sociales a sus seguidores, y con ello lograr una mayor audiencia, y por ende, mayor  publicidad.

En síntesis, los candidatos presidenciales deberán enfrentar duras acusaciones, pero será su habilidad de responder a esas acusaciones y el mantener un perfil siempre activo, lo que les permitirá captar y atraer a los indecisos internautas. Sin embargo, dependiendo de la tonalidad que decidan tomar los partidos políticos, así será la adquisición de votos que podrán ostentar, dejando abierto cualquier escenario de cara a las próximas elecciones.

 

 

 

 

 
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