La estafa política de los partidos monotemáticos


Escrito por: Mariano Salas Naranjo

 Politólogo y asesor legislativo

6 de junio del 2017


Una vez roto el bipartidismo en Costa Rica, el surgimiento de todo tipo de partidos políticos ha proliferado. Pero ha sido intensivo el nacimiento de partidos pequeños, inicialmente provinciales, que cuentan con una agenda programática muy limitada dirigida a públicos específicos, con el objetivo de obtener de esos públicos la cantidad necesaria de votos que les retribuyan un puesto de gobierno.

Se entiende aquí por partido monotemático aquel que, con el objetivo de obtener puestos de gobierno –en este caso diputaciones-, constituye su discurso, programa y oferta electoral a partir de la defensa de una causa específica, presentándose como su más fiel abanderado y prometiendo que, -esta vez sí- se legislará en serio a favor de su población meta. O sea, tienen un leitmotiv singular circunscrito a una especificidad, sin desarrollar discurso o agenda política más allá de él, o haciéndolo sólo de manera accesoria.

Por ejemplo, el PASE con la discapacidad, los partidos “cristianos” con la familia y valores tradicionales, el Partido de Los Transportistas contra el porteo/Uber, Alianza Mayor con los adultos mayores; o algunos partidos en formación como el Partido Animalista San José con el bienestar animal, entre otros.   

¿Pero cuáles razones podrían motivar a la gente a crear partidos monotemáticos?

Incentivos especulativos para crear partidos monotemáticos

La pura especulación, o “imaginación sociológica” dirían otros, lleva a mencionar algunos estímulos, institucionales, políticos y culturales, que estarían en la raíz del fenómeno comentado. Las personas lectoras deberían agregar otros y debatir todos ellos.

1. Quiebre del voto. Por alguna razón, muchos electores y electoras creen que al votar por un partido para presidente y por otro para diputaciones, están haciendo un gran favor democrático. Es “para evitar la concentración del poder” dicen… como si no existieran ya suficientes instituciones cuya función política es ser contrapeso del poder: Contraloría, Defensoría, Poder Judicial, medios de comunicación y otros.

Se sabe de los fenómenos del desalineamiento partidario, la pérdida de lealtades, y la volatilidad electoral, pero ellos no explican la inclinación a preferir el quiebre del voto como “ejercicio democrático” de balance de poder.

El punto es que dicho quiebre del voto representa una oportunidad para los partidos monotemáticos. Éstos dirigen sus campañas electorales con prioridad legislativa, muchas veces porque no tienen candidaturas presidenciales, pero inclusive teniéndolas. “Para Presidente vote por el que quiera, pero para diputado por fulano” no es un mensaje extraño en las campañas de estos partidos, al contrario, suele ser la apuesta central. Eso revela esfuerzos de actores políticos dirigidos hacia el quiebre del voto, más allá de su entendimiento como mera consecuencia de otros fenómenos.

2. Falencias propias de los partidos más “relevantes”. Los partidos más relevantes del país en términos electorales, poseedores de una agenda o programa político que responde a más realidades que los monotemáticos, no han sabido incorporar en sus programas las demandas de poblaciones tradicionalmente excluidas, amenazadas, vulnerabilizadas, discriminadas o estigmatizadas. O no han querido hacerlo por cálculo electoral. O no lo han hecho con la prioridad y la beligerancia que la población respectiva espera.

Esto suele ocurrir con aquellos temas que polarizan a la opinión pública de nuestra población culturalmente parroquial. Matrimonio igualitario, legalización de ciertas drogas, bienestar animal, Estado laico, despenalización del aborto, FIV, eutanasia y otros. La variable cultural suele tener un peso determinante, y la mayoría ha sido bandera de movimientos sociales de relativa permanencia.

¿Entonces qué pasa con esos intereses o demandas “dispersas” que los partidos relevantes (PLN, PAC, FA, PUSC, ¿ML?) no quieren o no saben sumar? Pasa lo que dice la teoría: otros partidos llegan para “agregarlos”, siendo casi siempre los aquí llamados monotemáticos.

3. El nicho electoral. La función social de “agregar intereses” atribuida a los partidos por la teoría parece bien aplicada por los monotemáticos. Al detectar aquellas poblaciones meta cuyas mayores preocupaciones son descartadas o no priorizadas en los programas de los partidos más relevantes, la base para el nuevo partido está dada.

Algo similar ocurre con los llamados “espacios del espectro ideológico”, donde al identificarse algún vacío, rápidamente es llenado por alguna oferta ideológico-electoral. También cuando se habla del origen de los partidos políticos a partir de clivajes sociales sobre los cuales descansan, representando cada partido un extremo o manifestación política del evento social.

Pues bien, guardando las distancias, los partidos monotemáticos parecen replicar el mismo ejercicio en pequeña escala, al aglutinar apoyos a partir de los extremos de opinión en aquellos temas polarizantes, como si se tratara de “clivajes de opinión”. “Sí” o “No” a Uber/porteadores, “Sí” o “No” al aborto, “Sí” o “No” a derechos LGBTI, “Sí” o “No” al bienestar animal, etc. Cada extremo de opinión es un posible nicho electoral que estimula el nacimiento de partidos monotemáticos.

4. La desafortunada redacción del artículo 106 constitucional. Dice: Los diputados tienen ese carácter por la Nación y serán elegidos por provincias.

¿Por qué un órgano cuyas decisiones comprometen y representan a todo el país, conforma sus miembros por partes de ese país? O de otra manera, si las provincias tuvieran sentido, ¿por qué algunas provincias designan más personas a una Asamblea que va a tomar decisiones que implican a todas? ¿La diputación de una provincia representa la parte y el todo a la vez?

Si la representación tuviera carácter territorial, entonces la cantidad de diputaciones debería ser la misma por cada provincia, pues todas tienen el mismo rango territorial, como ocurre al interior de cada partido político: 10 representantes por provincia conforman la Asamblea Nacional del partido (ver Código Electoral). Pero como el número de diputaciones a elegir por provincia se determina demográficamente, acorde al segundo párrafo del 106 constitucional, se vacía de contenido la representación territorial y se la mezcla con la representación de carácter nacional, donde la entera ciudadanía costarricense como colectivo elige a las personas diputadas de Costa Rica. Por eso, si hay más personas electoras en una provincia que en otra, esa merece elegir más diputaciones.

Lo lógico sería que a las autoridades nacionales las elija la nación, a las provinciales (si hubiera) las provincias y a las cantonales los cantones. Pero hoy cada persona diputada es un híbrido electo por una provincia y dotada de representación nacional. Lo correspondiente a un país que tiene autoridades cantonales y nacionales que son electas vía partidos, es tener partidos cantonales y nacionales, pero no provinciales, pues no hay espacio político para ellos.

Sin embargo, existen, y obtienen curules, dando lugar a una distancia insalvable entre el carácter provincial del partido inscrito y el carácter nacional de su diputación electa, que lleva a un déficit democrático en la representación.

El incentivo está en que con sólo cinco personas que tengan su recinto electoral en cada cantón de una provincia, puede inscribirse un partido político provincial que, si apunta bien a su población meta, alcanzará una o más diputaciones; las cuales no sólo representarán esa población meta ni esa provincia, sino a todo el país porque “tienen ese carácter por la Nación”. ¡Una estafa!

5. El Reglamento de la Asamblea Legislativa (RAL). Supuestamente es la voluntad mayoritaria del Parlamento la que toma decisiones, en tanto sólo se pueden aprobar las leyes por mayoría absoluta o calificada. Pero no es del todo cierto. Porque dicha voluntad mayoritaria puede manifestarse si y sólo si… no hay alguien que lo impida. Una sola persona diputada que quiera impedir la votación de algún asunto, tiene suficientes recursos formales de procedimiento legislativo para posponerlo casi cuanto se le antoje. Y está en su derecho.

Entonces las decisiones legislativas sustantivas en Costa Rica, además de contar con apoyo mayoritario, necesitan no tener minorías en contra que impidan la votación. Y muchas veces lo segundo es lo más difícil de alcanzar.

Así, metafóricamente cada “señoría” tiene una parcela de poder equivalente a 1/57 del total, pero gracias a los recursos de poder otorgados por el RAL, esa parcela puede maximizarse hasta pesar igual que la mayoría legislativa para impedir una decisión, desfigurando el peso político ganado en las urnas. Paralelamente, el poder de la mayoría se ve minimizado por la incapacidad de tomar decisiones. ¡Otra estafa!

Este relativo poder de veto introducido por el RAL se traduce en otro déficit democrático a la hora de ejercitar la representación política, pues en el ejercicio real del poder los actores políticos se comportan con independencia del carácter minoritario o mayoritario asignado por el pueblo en las urnas. Es un gran estímulo para buscar diputaciones por la vía de partidos provinciales más fáciles de inscribir que los nacionales, pero teniendo una relevancia política igual que estos últimos una vez en el puesto.

Partidos como el PASE o Restauración Nacional, que nacieron a escala provincial y hoy ya son nacionales, alimentan la hipótesis de haber aprovechado los incentivos institucionales comentados para su crecimiento.

Las tácticas de la estafa

Ya en su curul la persona diputada, probablemente hombre, notará que su voto puede ser decisivo en varios escenarios, dada la configuración fragmentada del parlamento y de las fracciones internamente. También verá que la bancada de gobierno no cuenta con mayorías suficientes para cumplir las promesas de campaña, por lo que podría ser aliada. Todo listo para hacer valer su parcela de poder, pero por un peso mucho mayor al 1/57 que le asignó el pueblo en las urnas.

Con tal de sumar votos a su tema, imitará a otros partidos monotemáticos: apoyar cualquier cosa a cambio de viabilizar sus proyectos de ley (más algunos caprichos de quien se sabe necesario). Si las transacciones y negociaciones sobre el tema no generan complicaciones para otras negociaciones, promesas, agendas, aliados, intereses o imagen, la diputación logrará su cometido. Pero con seguridad habrá todas esas complicaciones dada la pluralidad de actores, entonces deberá asumir una posición más dura y usar ciertas tácticas.

  1. La carta del obstruccionismo. Se las ingenia para presentar mociones de todo tipo que le permitan consumir tiempo, aunque no tengan sentido, refieran a otro proyecto, sean contradictorias entre sí, repetidas, inconexas o inconstitucionales. El objetivo es evitar la votación del tema hasta que lo complazcan. Esta carta juega bien tanto en Comisión como en Plenario, y puede usarse por convicción -cuando en verdad no cree en la iniciativa- o por conveniencia -cuando un proyecto no le interesa, pero sí a otra fracción y aprovecha la oportunidad para presionar-.  

  2. La carta del voto decisivo. Sabiendo que su voto es decisivo, la persona diputada podrá pasar al “juego rudo” y amenazar con votar negativo alguna iniciativa, así se trate de un Presupuesto de la República u otras leyes de gran necesidad para el funcionamiento del Estado. No contemplará ideas abstractas como “el bien común” o la “responsabilidad política”. Ella conoce de su compromiso concreto con su nicho electoral, el público meta a quien se debe y a quienes responde. Cuando muchos creen que la diputación se desgasta asumiendo costos políticos por actuar así, en realidad está reforzando la lealtad de su electorado. Perdiendo, gana.

  3. La mayoría chantajeada, beneficiada y corresponsable. Del otro lado de la moneda siempre habrá una mayoría legislativa que padece estas tácticas, pero se deja chantajear, disfruta sus beneficios y por ello es corresponsable de la estafa. Un ejemplo ahorra explicaciones:

En las negociaciones para el Directorio Legislativo 2017-2018, el PLN ha ofrecido sus 18 votos y el PUSC 3 de los suyos, a la candidatura que escojan los partidos minoritarios (compuestos por 3 monotemáticos: PASE, PRC, PRN, de 5 en total). En ese contexto, el experimentado Óscar López del PASE ha afirmado: "Yo decidí ceder mi agenda particular para adoptar los proyectos de quienes me elijan, para apoyar lo que sea bueno para el país"1.

La declaración reconoce la incapacidad del PASE para proponer la agenda que desde una presidencia legislativa podría impulsarse, por lo que se pliega a los temas de la fracción mayoritaria a cambio de la aspiración personal de ser presidente legislativo, aun sin saber para qué. Y aunque al final resultó ser otro diputado de partido monotemático el designado presidente, la lógica operada se mantuvo.

El punto de todo lo anterior es que las bancadas legislativas de partidos monotemáticos, al carecer de una agenda país, suelen plegarse al oficialismo o a las bancadas mayoritarias en la mayoría de los temas discutidos, con tal de lograr algún apoyo en su tema o aspiración específica.

El mandato que las personas representantes reciben del pueblo lo es en función de las propuestas de gobierno realizadas -o al menos esa es la ficción contractualista creída-, además del genérico respeto al ordenamiento jurídico. Cuando un partido sólo hace propuestas sobre un tema, su mandato resulta limitadísimo, y la pretendida función orientadora del programa político sobre el accionar del representante desaparece, porque la mayoría de sus acciones quedan fuera de la responsabilidad política comprometida con el programa.

Así, se tiene un tercer déficit democrático en la representación, constituido por la distancia existente entre el programa monotemático con el que un partido gana su diputación, versus la pluralidad de temas sobre los que tomará decisiones.

En resumen, la estafa política de los partidos monotemáticos se configura sobre tres déficits democráticos en la representación. Primero, cuando maximizan su peso político relativo obtenido en las urnas por el uso abusivo de los recursos de poder del RAL. Segundo, cuando toman decisiones sobre temas de los que nunca propusieron nada en campaña, convirtiéndolas en decisiones ajenas al control ciudadano de sus votantes. Tercero, cuando siendo partidos provinciales llegan a representar y decidir por todo el país desde su curul.

Nada de lo dicho acá es exclusivo de los partidos monotemáticos. Pero como éstos suelen nacer a escala provincial, tener bancadas unipersonales o pequeñas y agendas limitadas; su lucro político de los incentivos señalados tiene mayor magnitud.

En el fondo, subyace el problema de la “representación por similitud” que prevalece en la práctica efectista sobre la “representación por síntesis democrática”. En ese sentido, Quim Brugué afirmaba:

“A menudo el problema de la política no es la lejanía sino el exceso de proximidad. Así ocurre cuando se le otorga como única misión satisfacer deseos particulares y generar alegrías personales. Conviene, en cambio, introducir en la política actual la necesidad de superar la idea simplista de la «representación por similitud» y de recuperar la noción de la política como «síntesis democrática de la diversidad» (Innerarity). Las políticas no tienen que identificarse con nadie en concreto. Responden a demandas contradictorias y a intereses divergentes y, por lo tanto, reclaman mediación y síntesis. Tienen que reconocer la diversidad y el conflicto para poder canalizarlo hacia la construcción de un proyecto colectivo.” (Política para apolíticos. Insatisfacción. 2012)

¿Serán los nuevos partidos provinciales parte de estas dinámicas? ¿Lucrarán políticamente de los extremos de opinión en campaña y de las atribuciones reglamentarias en la curul? ¿Llamarán a quebrar el voto a partir de una agenda monotemática? En pocos meses la realidad responderá.


1 Declaraciones a la prensa, disponibles en: http://www.ameliarueda.com/nota/tres-diputados-luchan-presidencia-congreso-medio-complicadas-negociaciones


 

 

 

 

 
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