#8M: Los femicidios deben estar sobre la mesa


Escrito por: Natasha Mejía León y Priscilla Vindas Salazar

Estudiantes de Ciencias Políticas de la Universidad de Costa Rica


El pasado ocho de marzo, como todos los años, se conmemoraba el Día Internacional de la Mujer; sin embargo, este ocho de marzo fue diferente: colectivas feministas en cincuenta y cinco países se unieron al Paro Internacional de Mujeres. El paro consistía en que mujeres detuvieran labores durante una parte del día o completamente para visibilizar la necesidad e importancia de la mano de obra femenina; además se buscaba visibilizar la enorme brecha salarial entre hombres y mujeres, así como la violación y abuso a sus vidas, a sus cuerpos y a sus decisiones, y de aquellas cuya situación es aún más vulnerable: las mujeres trans, inmigrantes, indígenas y campesinas.

Además, en Costa Rica se llevó a cabo una Marcha en horas de la tarde, convocando a más de mil participantes que marcharon desde el Parque Central de San José, pasando por la Avenida Segunda, la Plaza de la Cultura, la Avenida Central y de vuelta al Parque Central. Las colectivas feministas, las y los activistas independientes y otras y otros participantes, llevaron consignas muy claras: además de erradicar la brecha salarial -a propósito del Paro que se celebró ese día-, también se llevaban consignas por el derecho al aborto, contra los abusos, el acoso callejero, las violaciones y los femicidios. Este último entre el resto de temas de gran importancia, es uno de los más alarmantes: más de la mitad de los femicidios perpetrados en en el año 2016, se dieron en una cuarta parte del año vigente; es decir que a este paso, en el 2017 se duplicarían los asesinatos de mujeres por su condición de género.

Para comprender la urgencia de las colectivas feministas, activistas independientes y de todas las mujeres en este tema hay que explorar el trasfondo de los femicidios. En primer lugar, el término femicidio, fue utilizado por primera vez por Diana Russell ante el Primer Tribunal Internacional de Crímenes contra Mujeres en el año 1976, y fue definido como “el asesinato de mujeres realizado por hombres motivado por odio, desprecio, placer o un sentido de propiedad de la mujer.” (ONU, 2012, p.15). El debate acerca de los femicidios, tomó relevancia en América Latina hasta 1994, cuando la antropóloga Marcela Largarde toma el término femicide y lo traduce como femicidio y adapta a la región, tomando en consideración los aspectos políticos dentro del Estado de Derecho (ONU, 2012, p.16).

Los femicidios son una violación contra los derechos humanos de las mujeres y son parte de una estructura sistemática que permite y normaliza la violencia de género, basta con analizar los titulares de los medios de comunicación que utilizan frases como “lío pasional” o “crimen pasional”, el uso de esta frases delega lo anterior como una situación del ámbito personal y que se queda ahí, es decir, no se visualiza como un problema público y político; esto si es que aparecen en los periódicos y noticieros. De eventos de esta índole, donde se invisibilizan problemas públicos como algo de la esfera de lo privado, es que el movimiento feminista adopta el lema “lo personal es político” como suyo y reconoce la profunda problemática de estos. Parte de esta problemática es que las mujeres siguen siendo relegadas a lo familiar y doméstico, en desigualdad con los hombres; en lo anterior encontramos que existe una relación de poder, entendiendo a este ejercicio del mismo en un contexto de dominación y que pretende asimilar a las mujeres, como analiza Graciela Hierro en su ponencia Género y poder, es decir, Hierro entiende por poder “el producir las consecuencias deseadas en la conducta o creencias de otro” (Hierro, 1987). En el caso de femicidios es el ejercicio de poder, de dominación, llevada hasta lo más extremo de la violencia: matar; es decir que las actitudes discriminatorias hacia las mujeres calan tan hondo en los victimarios, los hombres, que encuentran en la violencia una forma de sometimiento de las mujeres al salirse estas de las conductas que ellos desean como su pareja, familiar u hombre en general, o sea, cuando las mujeres no son de su propiedad, volviendo a la definición de la ONU, son asesinadas por ellos.

Montserrat Sagot, en su texto Socialización de género, violencia y femicidio, explica que en las relaciones sociales siempre hay una imposición de cómo se deben establecer estas y que se deriva de un proceso de socialización, dicho proceso de socialización funciona para crear control social sobre las y los sujetos, impone definiciones de quiénes somos y cómo debemos ser, del mundo y desde dónde debemos verlo y de cómo debemos entender al otro o a la otra (1995, p. 18). Sagot escribe que “el objetivo central de la socialización es obligar a las personas a adaptarse a las normas de su sociedad, y esta sociedad está estructurada con base en la desigualdad y la opresión de género” (1995, p. 18). Es decir, que las mujeres aún son vistas como objetos que pertenecen a un hombre, son vistas únicamente como cuidadoras y son menospreciadas en sus labores. Está demás decir que en estas estructuras sociales tanto mujeres como hombres son socializados y se ven perjudicados; sin embargo, es en las mujeres en donde recae la total desigualdad, la violencia y la discriminación.

En Costa Rica, según el Poder Judicial, desde el 2007, cuando se aprobó la Ley de Penalización de la Violencia contra las Mujeres, hasta el 31 de diciembre del 2015, se contabilizaban 261 femicidios. Según este informe de la Sub-comisión Interinstitucional para el Registro del Femicidio, al 23 de marzo del año en curso, se contabilizaban ya 8 femicidios para el año 2017. Sin embargo, en ese mismo momento, muchas colectivas feministas habían contabilizado alrededor de veinte femicidios en tan sólo tres meses; en ese sentido, el 2017 pinta ser uno de los años con mayores asesinatos a mujeres por su condición; pues según datos del Poder Judicial, los femicidios en el año 2016 llegaron a 23, siendo esta una cifra alarmante pero que en contraste con la cantidad contabilizada, en 2017 asciende rápidamente.

Hasta ahora las medidas tomadas por el Estado y los gobiernos costarricenses en contra de los femicidios ha recaído en las víctimas, por ejemplo, en la revictimización social, culpando a las mujeres en cuestiones como que la agresión física fue merecida por sus actitudes, hasta la culpabilización de no denunciar al agresor a tiempo, sin poner en perspectiva que estas mujeres se encuentran en una situación de amenaza donde el margen de acción es menor. Este tipo de dinámicas institucionales facilitan el “echarle la culpa” a las víctimas. Si bien es cierto es necesaria la denuncia y por supuesto, los servicios de atención a la víctima que ofrecen las instituciones gubernamentales; es tiempo que se haga caer todo el peso de la culpa a los femicidas, no podemos continuar perpetuando un modelo en que los hombres violan, agreden, acosan y matan a las mujeres y la respuesta social que se recibe es de “ser cuidadosas” en cómo vestimos, en dónde transitamos e incluso en cómo nos comportamos, limitando nuestras libertades de tránsito, calidad de vida y de expresión. La culpa es del asesino, de quién comete el acto de matar y no de la víctima.

En este marco lo que nos encontramos son claras dinámicas de desigualdad, de opresión y de violación de los derechos humanos de las mujeres tanto cis, hetero, lesbianas, bisexuales, trans, inmigrantes, indígenas, campesinas, de áreas rurales o urbanas; con todas hay un pendiente grande: nuestra seguridad. 

Referencias consultadas

Organización de las Naciones Unidas (2012). La regulación del Delito de Femicidio en América Latina, recuperado de http://www.un.org/es/women/endviolence/pdf/reg_del_femicicidio.pdf

Poder Judicial, (2017). Femicidio, recuperado de http://www.poder-judicial.go.cr/observatoriodegenero/soy-especialista-y-busco/estadisticas/femicidio/

Hierro, G. (1987). Género y poder. Rituales. Barcelona: España

Sagot, M. (1995). Socialización de género, violencia y femicidio. Reflexiones. Vol. 41, Núm. 1. Universidad de Costa Rica. San José: Costa Rica.

 

 

 

 
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