De cuando los candidatos se tomaron en serio que lo personal es político


Lic. Ángela Delgado Corrales

Politóloga


La campaña electoral de cara a las elecciones presidenciales del 2018 ha estado contextualizada la dicotomía entre la inclusión y el respeto a los derechos humanos y las creencias religiosas opuestas a esto. El aborto y el matrimonio igualitario han sido de los pocos temas donde los candidatos y la única candidata presidencial han tenido que pronunciarse.

 

Uno de los candidatos que ha puesto el tema del aborto en el centro de su campaña es Fabricio Alvarado, quién ha tratado de dejar claro que es el único que ha sido consistente en defender la vida del no nacido. Fabricio tiene razón, separando a los otros partidos con un corte ideológico fuertemente cristiano, muchos de los partidos han variado su posición.

 

El ejemplo más notable es el PLN. En el 2014, Antonio Álvarez Desanti como diputado, promovió darle prioridad a la discusión de proyectos de Ley de Sociedades de Convivencia, apoyo que hizo público al ser parte de la campaña a favor del matrimonio de Jazmín y Laura, quienes por un error en el género de Laura en el Registro Civil pudieron casarse siendo personas del mismo sexo.


Ahora, este candidato declara estar totalmente en contra del aborto y el matrimonio igualitario. Contradicción que también muestra el candidato del Movimiento Libertario, Otto Guevara, quien en los inicios de su carrera política expresaba que era necesario reformar el artículo del Código de Familia para dar valor legal a las familias del mismo sexo, y en 2014 le da un giro a su discurso asumiendo posturas cristianas y en contra del matrimonio igualitario.

 

El cambio de posturas y que, nueve de los trece candidatos estén en contra de estos temas no es una casualidad, se debe a lo que ellos (y ella) han llamado: la Ideología de Género. La supuesta ideología es un término desarrollado por sectores conservadores para argumentar que estas propuestas y la lucha por el reconocimiento de derechos humanos se basan en el feminismo radical, que trabaja sobre premisas marxistas para que las mujeres se apoderen de los medios de reproducción, mediante el aborto, la fecundación in vitro y el matrimonio entre personas del mismo sexo.

 

Esta situación no es solo propia de partidos cristianos, el ML y el PLN. Mientras que, Carlos Alvarado se compromete a apoyar el matrimonio igualitario y el aborto (solo en casos de violación), un sector del Partido Acción Ciudadana llama a detener este “movimiento mundial que promueve la masturbación, las relaciones del mismo género, y el matrimonio homosexual”.

 

Entendiendo que esta ideología no existe, que el matrimonio igualitario y el derecho a decidir de las mujeres sobre su reproducción están reconocidos como derechos humanos en tratados que Costa Rica ha firmado y ratificado, la motivación de muchos candidatos para tomar la bandera de defensa de la llamada “familia tradicional y la vida”, podrían verse como estrategias de captación de votos. En Costa Rica un 70% de las personas consideran que la religión es muy importante en sus vidas.

 

Propuestas de campaña que solo apelan a lo moral son una estrategia fácil para movilizar votantes. Álvarez Desanti, podría estar buscando simpatizantes en estas y estos votantes indecisas que dicen estar en contra del aborto y  al matrimonio entre parejas del mismo sexo como una movida astuta para diferenciarse de Juan Diego Castro, que se ha manifestado a favor de ambos temas.

 

El derecho a decidir ser madre, y el respeto a la orientación sexual son derechos fundamentales de las personas, base de sociedades que luchan contra la discriminación en todos sus espacios, negar estos derechos parece ser una estrategia de control y dominación social, que busca invisibilizar, callar y reducir la participación política plural.

 

Esta estrategia es plenamente entendida por el partido Renovación Costarricense que impulsó la única candidatura femenina y donde cabe preguntarse si su elección fue una estrategia para posicionarse como un partido inclusivo, pero que sus líderes mantengan el control sobre sus intereses, ya que la candidata Stephanie Campos tiene nula experiencia política y solo ha expresado que su principal interés es trabajar por la defensa de la familia, dándole continuidad a los proyectos del diputado Gonzalo Ramírez y agradeciendo por la oportunidad de ser candidata específicamente a este y a Abelino Esquivel.

 

En este contexto político, restringir los derechos de las mujeres e invisibilizar las necesidades de la población LGTBQI+ parece buscar infundir miedo en la población, apelando a volvernos una sociedad más conservadora que en décadas pasadas y más papista que el propio Papa. Pero también, parece que vivimos en tiempos de guerra fría, donde a los derechos humanos se les acusa de basarse en el marxismo y la vieja idea de que las mayorías y en especial los hombres cisgénero heterosexuales, son quienes deben y pueden decidir sobre los derechos de minorías y de las mujeres, aunque esto signifique no reconocer los criterios técnicos de la Organización Mundial de la Salud, la ONU y demás organizaciones internacionales competentes y una clara guerra entre instituciones públicas como el INAMU, el PANI y el Ministerio de Educación Pública. 

Ojalá estos fueran en los únicos temas donde vemos un claro retroceso en la discusión pública, pero se les suman propuestas en contra de la migración, represión policial y judicial como formas de solucionar la delincuencia y el problema de drogas que representan ideas populistas, carentes de sentido y que promueven estereotipos, odio y temor. No parece casualidad que por el momento el gran ganador de las elecciones sea el abstencionismo.

 

 

 

 
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