El 28 de febrero del 2026, los Estados Unidos e Israel lanzaron un ataque conjunto en contra de la República Islámica de Irán. La administración Trump argumentó que la intervención militar era necesaria para eliminar el programa nuclear y el arsenal de misiles iraní, así como forzar un cambio de régimen en dicho país. Israel por su parte argumentó que se defendía su seguridad y sus intereses regionales israelíes.